jueves, 31 de julio de 2014

Tercer capítulo del fanfic

Vale, lo admito, soy bastante perezoso, pero aquí lo tenéis. Es que la inspiración me viene a las cuatro de la mañana. Es broma, os lo dejo ahí abajo. ¡Que disfrutéis! ;3


Capítulo 3: Camino a Ciudad Verde

Contento con la victoria, meto a Charmander en la Poké Ball y salgo del laboratorio. Antes de irme definitivamente, hago una última visita a mi madre, a la cual abrazo efusivamente:

–Hijo, mucha suerte en tu viaje. Y no temas, siempre que te acompañen tus Pokémon, estarás bien.

Después de salir de casa, me dirijo a la ruta 1.

Lo primero que piso nada más entrar es hierba alta. Y, como todo el mundo sabe, allí se esconden los Pokémon. Admiro el paisaje, respiro hondo y avanzo. Intento evitar la vegetación, pues mi Charmander es aún muy débil y no tengo nada para curarlo si sufre daño. Pero el camino me obliga a meterme entre la hierba.

Al avanzar un poco veo a un hombre, que me da una poción como “invitación” para ir a la tienda Pokémon. Pero vamos, que voy a comprar allí de todas formas. Sigo adelante, con ciudado. Sin embargo, al introducirme de nuevo en la hierba, oigo un ruido. Un movimiento. Un aleteo. ¿Un Pokémon? Preparo la Poké Ball, pero sin previo aviso sale un Pidgey volando de entre los arbustos. Del susto se me cae y sale Charmander. “¿Char?”, dice confundido. El Pidgey aterriza enfrente de nosotros y el combate empieza.

El pajarillo saca pecho, y arremete contra Charmander con una Placaje. Nada mal, pero la llameante criatura no se rinde y le devuelve el golpe con Arañazo. Pidgey retrocede, pero sin dudarlo empieza a volar. Con la fuerza de sus alas crea fuertes corrientes de aire que golpean a Charmander. ¡Ha usado Tornado! Pero la pequeña lagartija no se rinde, y venciendo la fuerza del viento le encaja otro Arañazo a la pequeña avecilla, dejándola KO en el suelo.

Charmander salta de alegría. “¡Chaaaarmander!”. Sonrío, y lo vuelvo a meter en la Poké Ball. Pero justo antes de guardarla, vuelve a salir. Me mira enfadado:

¡Chaaaar chaaaar!
–Oh, venga ya. ¡No puedo dejarte fuera!
¿Charmander?
–Es muy peligroso, y ya has luchado bastante.
¡Char! –niega con la cabeza.
–¡Oye! ¿Me estás desobedeciendo?
Charrrrr… -me mira, burlón.
–Vaya, vaya, que rebelde… Anda, déjate de tonterías y vuelve.
Chaaaarmander… -pone ojos muy tiernos.
–Uuuff… Está bien, por esta vez te dejo fuera. Ven, súbete.
¡Chaaaar!

De un salto (y un pequeño empujoncito) se coloca encima de mi hombro, feliz. Sigo avanzando por la hierba alta, con ciudado. En algún momento sale un Rattata, pero huye antes de realizar un movimiento. Paramos a observar el paisaje, cuando me doy cuenta de una cosa…

¡No tengo ningún mapa!

¿Pero cómo voy a viajar por Kanto sin un mísero mapa? ¡Me puedo perder! En fin, ya encontraré uno más adelante… si es que los venden. Un ruido detrás de mí me saca de mis pensamientos. Me doy la vuelta, y veo asombrado cómo un Rattata (¿el mismo de antes?) cae derrotado por Charmander.

–¡P-pero qué haces! ¿Por qué no me avisas?
¿Char?
–Jmmm… bueno, la verdad es que no me puedo quejar. ¡Muy bien hecho!

Salta de nuevo a mi hombro, y avanzamos. Por fin salgo de la vegetación y señalo lo que tengo por delante:

–¡Mira eso, Charmander! ¡Es Ciudad Verde!

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